ESFUERZOS OPOSITORES

Abril 16, 2008 | Marcos Villasmil

Mucha gente se está preguntando en estos tiempos tan aciagos para todos los sufrientes habitantes de la república bolivariana, si la oposición debería prestar más atención a la profundización cada vez mayor de la crisis de eso que todavía por comodidad podemos llamar gobierno, en lugar de dedicar esfuerzos y desvelos a prepararse para las elecciones regionales. Pienso que las palabras claves aquí son “en lugar de”. Porque una cosa no desdice de la otra, y los partidos políticos y movimientos sociales están haciendo cada uno lo suyo, en acción coordinada, así como en cada uno de ellos hay especialistas por área que pueden y deben ser los voceros frente a las antipolíticas gubernamentales.

Un dato que no puede obviarse es la naturaleza particularmente única de este gobierno. Se denomina democrático pero no lo es; ejerce la participación, pero de una sola persona, el líder; se reclama revolucionario, pero se inspira en tesis de hace dos siglos, que la realidad hace tiempo volvió reaccionarias; se define como nacionalista, pero nunca nuestras fronteras han estado más abandonadas como hoy; plantea el anticapitalismo, pero profundiza los negocios con los Estados Unidos. Al final de la historia, va a resultar que el único y verdadero agente de la CIA era Chávez.

En el pasado, uno podía estudiar y analizar cada gobierno criollo como en cualquier país democrático del vecindario: una suma de voluntades ejecutivas bajo la dirección presidencial, un equipo de acción gubernativa, con luces y sombras. Había ministros estelares, regulares y malos. Hoy, en cambio, sabemos que para ser ministro de Chávez se requiere solo perder la vergüenza (si alguna vez se tuvo), inclinar la cabeza, agachar el lomo, y decir que sí a todo lo que provenga del barinés. No hay ministros mejores o peores, todos están sumergidos en la más gris mediocridad.

Viendo el carrusel sin fin de denuncia tras denuncia de corrupción, no queda sino pensar que toda apariencia de real política se ha dejado a un lado del camino, como se abandonó desde el comienzo el compromiso con los pobres, y toda la dirigencia chavista luce como extraviada en los caños y rápidos de las vendettas personales, de las traiciones ominosas, de la burla de toda actitud al menos cosméticamente ética. Su héroe del día es nada menos que Isaías Rodríguez.

Supuestos ministros que no muestran la más mínima sensibilidad ante el desastre cotidiano, como prueban, ante el avance de la criminalidad, las declaraciones de los ministros del Interior y de Justicia, sea Carreño, sea Chacón, sea el actual, el cínico Rodríguez Chacín. Con este último, la omnipresente mortandad semanal de ciudadanos en manos del hampa ya no tan común, es una prueba más de que éste ha sido un gobierno que se ha olvidado de cualquier trazo mínimo de condición humana.

Lo más coherentemente similar entre los tribunos gubernamentales, es la corrupción que los está corroyendo a todos. Sin excepciones. No se puede ser honesto y ser ministro o alto funcionario de Chávez. Ese cuento ya no lo cree nadie.

La oposición (y con ello me refiero no sólo a la político-partidista) ha actuado, en lo que viene desde diciembre, con más coherencia y responsabilidad. A cada ataque del gobierno a la sociedad, de la misma han salido fuerzas que se han despertado y le han dado un parado a cada dentellada chavista. Los médicos, frente al desastre de la salud; los universitarios, en defensa de su autonomía y de las pruebas de admisión; los vecinos, en defensa de La Carlota; y todos como un solo cuerpo, encabezados por los educadores y los gremios de padres y representantes, en contra de la reforma curricular. Cada zapatero ha atendido su zapato de forma inmejorable. Todas las batallas tácticas dadas por Chávez para imponer por la fuerza en los últimos meses su esperpéntico socialismo, han sido frenadas por los venezolanos.

Otro hecho incontestable es que Chávez es su principal oposición. Con sus torpezas, su creciente pérdida de contacto con la realidad, su audaz contumacia y su mensaje de odio, el barinés se ha convertido, por propia decisión y acción, en un cuerpo extraño en el paisaje socio-político nacional. Ante los ojos de los venezolanos, ya Chávez no es quien puede otorgar certificados de buena conducta democrática. Chávez ya no define el lugar del bien y del mal nacionales.

La oposición ha logrado con su accionar un oxigenamiento mutuo entre partidos y sociedad civil, entre actores políticos y actores sociales. Esta unión de voluntades por la libertad ha demostrado ser una fuerza imbatible hasta hoy, y el chavismo no encuentra claves para enfrentarla. A medida que pasan los días, se fortalece y se reafirma.

Es cierto que, ante un escándalo como el del ex-fiscal Isaías Rodríguez, un gobierno serio habría probablemente tenido que renunciar. Sobre todo, luego de que el barinés le diera todo su apoyo al abogado psicópata. Pero el de Chávez no es un gobierno serio; inescrupuloso, es un adjetivo que le queda mejor. Además, el régimen sigue teniendo amigos muy poderosos en el exterior, como el destacado enemigo de la libertad del pueblo venezolano, el secretario general de la OEA, Insulza. Este señor ha tenido la desvergüenza de decir recientemente, en comparecencia ante el congreso norteamericano, que no existen pruebas de que Chávez sea amigo de la guerrilla terrorista de las FARC.

Por ello, ante el aumento de la corruptela chavista, y el desmoronamiento general de la acción de gobierno, la oposición debe ser más que nunca contrastantemente democrática, evitando los cantos de sirena de quienes, en su comprensible rechazo al chavismo, sin embargo no entienden que el pueblo venezolano no desea nada que implique aumento de la violencia, del odio y de la confrontación. No es hora de dar saltos en el vacío; si alguien los quiere dar, en todo caso, que sea el propio Chávez. Que sea Chávez quien decida si intenta romper definitivamente con el cauce democrático, que el pueblo entonces le tendrá, una vez más, la respuesta adecuada.

 

 


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