LAS CORRUPTELAS DEL CHAVISMO

Abril 1, 2008 | Marcos Villasmil

Bien se sabe que, en la dura competencia por determinar cuál es la profesión más antigua del mundo (sin mencionar la que usted, amigo lector, siguiendo el dictum popular, seguramente está recordando), la de corrupto estaría al menos entre los finalistas. Y si fuera una competencia entre gobiernos corruptos, el de Hugo Chávez sería un finalista en todos los terrenos, en todas las áreas, en todos los tiempos.

Comencemos por mencionar a una de las joyas de la corona: así de grande será la corrupción en las famosas misiones que hasta la Fiscalía General de la República -lo que hay que ver, amigo lector, la fiscalía fiscalizando, ¡fin de mundo!- ha investigado más de 500 casos sólo en Mercal.

Pero lo de Mercal es algo así como una forma de corrupción tradicional, que podríamos definir como “zamuros cuidando carne”; unos funcionarios inescrupulosos –buhoneros de la corrupción, diría Petkoff- que negocian con la alimentación de los venezolanos. En otra liga, la de los peces gordos, el chavismo ha dado, sin embargo, un gran impulso a otro tipo de malandraje, “la corrupción a la vista de todos”, con los otorgamientos que ha hecho cada ministro de finanzas de las famosas notas estructuradas. El actual ministro, Isea, ha dicho públicamente que él no subasta, sino que adjudica a dedo. Eso, señores, le significa, en una transacción de millones y millones de dólares, una ganancia al adjudicado de entre un 20 y un 30 por ciento. Y la contraloría, el congreso, el gobierno en general, como si la cosa no fuera con ellos.

Otra corrupción que denuncia un diputado oficialista, Wilmer Azuaje, y que está, según dicen en Barinas, “a la vista de quien lo quiera ver”, es la de los diversos componentes del clan Chávez. De ser una familia humilde –recordemos una vez más que el gobernador y padre de Hugo I es un maestro de escuela jubilado- los Chávez probablemente son hoy los latifundistas más importantes del llano venezolano. Ahí queda eso.

Otra forma de corrupción puesta en práctica con éxito por el chavismo, como nunca antes, es el clientelismo, que como bien se sabe, es el motor más importante del socialismo del siglo XXI. Nada ocurre en los terrenos revolucionarios –mercenarios, más bien- sin que se necesite un pago de un estipendio, mordida, sueldo, o simplemente una comisión. El PSUV es por ello un partido condenado a depender de la suerte política de Hugo Rafael, y de que el barril de petróleo siga subiendo en el mercado internacional.

Detrás de toda esta desbocada estafa a la nación está la concepción que busca unificar la realidad bajo la decisión controladora del Líder Supremo. Cuando él ordena a un ministro en Aló Presidente que se le dé a alguien algo, sin pasar por los controles administrativos mínimos, eso es corrupción. Esta práctica coloca además en la mente de todos los revolucionarios la idea de que no hay diferencia entre los bienes públicos y los bienes del “proceso”; de que es perfectamente lógico financiar al PSUV con cargo a partidas oficiales, o incluso la también corrupta práctica chavista de regalar, sin control alguno, dinero de todos los venezolanos a diestra y siniestra por el mundo.

Corrupta es también la decisión de hacer de la administración pública un botín partidista por vía de la estatización de servicios –como la electricidad, o la CANTV- para luego llenarla de compañeros que cobran quince y último. En los últimos 5 años, la administración pública ha aumentado en un 40%., todo un récord. Ya se conocen los resultados: en CANTV, en los últimos siete meses (desde que la estatizaron) las utilidades netas caen en barrena. En el último trimestre del 2007 la compañía redujo su utilidad en un 52%, los gastos se incrementaron en un 31%, y los ingresos sólo en un 22%.

Pero el chavismo no se queda allí. En este terreno de la corrupción –el único donde ha mostrado una inventiva y una capacidad de iniciativa digna del liberal más radical- también se han impulsado las decisiones administrativas que, si bien no son en sí ilegales, promueven la corrupción. Y es que detrás de todo esto se encuentra un profundo desconocimiento de la naturaleza humana.

Rodríguez Chacín, el ministro del interior, ha dado a conocer el nuevo tabulador de sueldos y salarios de las notarías y los registros. Se justifica diciendo –y es verdad- que la cosa estaba fuera de control, y que había registradores y notarios que se metían hasta 600 millones de bolívares (de los débiles) al mes. Pero pasar de allí a establecer que mientras que el funcionario de menor sueldo –Escribiente de Registro I- ganará al mes 2162,95, el notario o registrador ganará 5128,25 (incluyendo casi 500 en cesta tickets), es estúpido e irrealista. Lo único que van a conseguir es que el pago por los servicios que se ofrecen en dichas oficinas, ya de por sí complicados para el público, van a tener que ir acompañados de un bono “bajo cuerda”, a fin de complementar a los otrora privilegiados funcionarios. Surgirá sin duda alguna un “bolívar notarial” que expresará el valor real –que acompañará al valor formal- de gestionar un documento, sacar una copia certificada, etc.

Por falta de espacio, sólo mencionaremos de pasada la conocida corrupción del poder judicial y sus oficinas vinculadas (la última denuncia, las múltiples fechorías cometidas por el ex-fiscal Isaías Rodríguez, escándalo que pica y se extiende), con su notoria desigualdad ante la ley; y la de Cadivi, que como se ha dicho ya, con sus controles excesivos incluso pone en peligro la vida de centenares de venezolanos con derecho a medicinas y servicios médicos a los que sólo puede accederse en el exterior; sin dejar de mencionar cuanto ha colaborado con la destrucción del aparato productivo nacional.

Es que está visto: en materia de las profesiones más antiguas de la humanidad, los chavistas son unos linces.


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