PETKOFF: ¿Come-niño o neoconservador?
Abril 23, 2008 | Marcos Villasmil
Escribo estas líneas luego de leer un interesante artículo del periodista Clodovaldo Hernández, en El Universal, titulado “De paleoizquierdistas a neocons”. El asunto central del mismo es una llamada que recibiera Teodoro Petkoff durante un “Aló ciudadano”, en la cual un televidente le pedía que se dejara de “fintas retóricas” y se declarara ya como lo que supuestamente es hoy, un anticomunista duro.
El articulista afirma entonces que “Petkoff pertenece a un grupo de adultos mayores que se ponen bravísimos (con unas rabietas seniles, dicho sea de paso) cuando alguien osa decir que son de derecha. Llevan más de una década batiéndose abiertamente por los intereses del Departamento de Estado, Fedecámaras, la Iglesia, y los grandes medios de comunicación pero, según ellos, son en realidad la izquierda moderna.” Cita también Hernández a alguien –Elba Quiroz- que afirmó: “antes los llamaban guerrilleros come-niños y tenían que escaparse del cuartel San Carlos. Ahora son ídolos del macartismo criollo del siglo XXI y están presos en el set de Aló Ciudadano.”
La verdad es que el párrafo anterior da para mucho debate, pero centrémonos en lo esencial: ¿es Teodoro hoy un hombre de derecha?
Mucho se ha escrito sobre los problemas de identidad, de reacomodo ante la realidad que la izquierda ha tenido que hacer desde que se derrumbara, junto con el famoso muro berlinés, la visión fundamental que alimentaba el discurso marxista.
Ante esta necesaria adecuación con la vida real, hay dos posiciones principales en eso que se llama izquierda: en primer lugar, la variante socialdemócrata, que hoy practican, cada uno con sus matices, gobiernos como los de Gran Bretaña, España, Uruguay, Brasil o Chile. A nivel intelectual presentan iniciativas interesantes, como las del llamado Grupo Euston (www.euston.org ), conformado por académicos y periodistas británicos, en cuyo manifiesto indican lo siguiente: “debemos definirnos contra aquellos para los que la agenda democrático-progresista ha sido subordinada a un “anti-imperialismo simplista” y/o hostilidad hacia la actual administración norteamericana”. En franco contraste, está el “paleoizquierdismo” que, para no entrar en demasiados detalles, encarna hoy Hugo Chávez Frías.
¿Qué la izquierda socialdemócrata es oportunista según algunos? ¿Qué abandonó a Carlos por el Marx serio, Groucho (”estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros”)? Allá ella, sus validos y sus votantes. No me cuento entre ellos, pero respeto sus posturas.
Únicamente el chavismo y sus tarifados intelectuales en Europa y Estados Unidos ven la realidad de una manera maniquea donde sólo se puede escoger entre dos opciones: o se es antinorteamericano, anti-imperialista, y socialista del siglo XXI, o se es agente del imperio, de Fedecámaras, de la Iglesia, del club de Mickey Mouse, de los Yankees de New York, etc.
Un ejemplo claro lo acaba de dar el embajador Chaderton, quien en una entrevista a un medio mexicano calificó de “fascistas de closet” nada menos que al diario español El País, culpable de criticar a Chávez. Pero es que así son los fieles discípulos de Hugo I. Nada más patético en cuanto a su visión con gríngolas mentales que el grito aclamador durante la reciente asamblea del PSUV: “lo que diga Chávez”. Todos los amantes de sus caudillos respiran y transpiran igual: el mundo sólo se ve en matices blancos o negros.
Frente a la postura chavista, que se enorgullece de su amistad con gobiernos autoritarios como Cuba, Zimbabue o Bielorrusia, o con la banda asesina de las FARC, Teodoro Petkoff responde a una visión socialista ciertamente demócrata que no es ni “entreguista” ni “agente del imperio”. Simplemente es una postura más, dentro de las variadas opciones democráticas.
Una de las formas de medir la conciencia democrática está en el tema de los derechos humanos, materia siempre pendiente en política, ni que decir entre socialistas. ¿Por qué? Porque para muchos de ellos –y estoy seguro que Teodoro no corre en esa carrera- los únicos derechos que se defienden son los de las muertos de las dictaduras de extrema derecha. Un auténtico demócrata defiende tanto los derechos de las víctimas de Pinochet, como las de Fidel Castro. Los seres humanos no valen según la etiqueta partidista de su opresor.
El programa central de cualquier izquierda democrática se basa en la búsqueda del vínculo entre libertad y justicia social. La gran lección a aprender de los autoritarismos marxistas es que esta última no se puede lograr sacrificando aquella. En palabras de Félix Ovejero: “La izquierda arrancó con un diagnóstico: las desigualdades de acceso a la riqueza -o lo que se entendía como lo mismo: a la propiedad- estaban en el origen de desigualdades de poder incompatibles con el ideal de autogobierno, de democracia y de libertad. Y aquí las palabras tienen un exacto sentido. Democracia quiere decir igual posibilidad de influencia política, de poder, la que, por ejemplo, cristaliza en el lema “un hombre, un voto”. Y libertad, no sometimiento a ninguna forma de poder arbitrario (…).”
Como será la decadencia de cualquier opción comunista, chavista o no, que para intentar revivirla, sus cultores han tenido que unirse con otra de las plagas que más han azotado a nuestras tierras: el militarismo. Y Teodoro, como pocos, identificó desde el comienzo el carácter esencialmente contradictorio de quien se dice socialista y luego apoya a un autócrata militar como Hugo Chávez.
A esta paleo-izquierda reaccionaria le vienen muy bien algunos calificativos del analista mexicano –de izquierda- Roger Bartra, dirigidos a un patético practicante del neo-populismo “modelo Chávez”, Andrés López Obrador: “Es una versión tragicómica del realismo mágico latinoamericano, un fundamentalismo vacío, un circo sin poesía.” Y no se necesita ser anticomunista o conservador (neo o viejo) para combatirla.
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